Girando a la derecha, Epicentro Tv

Girando a la derecha

Las victorias de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú son las muestras más recientes de un patrón ya bastante claro: el regreso de la derecha al poder. No estamos hablando de uno o dos países, es toda la región la que está siguiendo una nueva tendencia: Chile, Argentina, Bolivia, Ecuador y ahora Perú y Colombia. ¿Qué está pasando?


Sin duda podríamos pensar en muchas respuestas para esa pregunta. Aquí propongo enfocarme en una de ellas: mirar hacia su contraparte. Casi todos los gobiernos que forman parte de este giro han sido precedidos inmediatamente por administraciones de izquierda: Argentina, Chile, Bolivia, Perú y Colombia. ¿Qué tiene la izquierda latinoamericana que genera esta contra ola? Van algunas ideas.

Hay dos temas cruciales que son los talones de Aquiles para la izquierda y que han puesto ahora a la derecha con una ventaja clara: la economía y la seguridad.

Empezando por el primero, muchos líderes de izquierda parecen ignorar que la primera y más importante política de bienestar es contar con circuitos virtuosos de generación y circulación de capital. Ello devendría en la multiplicación de puestos de trabajo y en el aumento de la recaudación tributaria, incrementando así la autonomía de las personas, junto con la capacidad del estado para brindar servicios de calidad. Un mercado eficiente no se construye con las recetas "anarco-capitalistas" que personas como Milei proponen, sino con una correcta y sana colaboración del Estado. Bien harían los izquierdistas en enfocarse y hablar de ello; pero para muchos, temas como el crecimiento económico y la inversión son temas tabú, desviaciones políticas que llevan a la traición...

La seguridad es otro caso similar. Es verdad que la región tiene problemas de abuso de fuerza y violaciones a derechos humanos. Pero muchas veces quienes buscan hacer justas denuncias terminan cayendo en el vicio que los vuelven opciones poco convincentes en las urnas. Sí, ha habido crímenes por parte de agentes de la ley y sigue habiendo excesos; pero la solución pasa por profesionalizar más las fuerzas del orden, no por combatirlas y volverlas enemigas de la patria. En el imaginario general, la izquierda ha emprendido una cruzada contra todo tipo de autoridad, lo cual en parte es cierto. Pero hoy en día, cuando el desafío al orden no viene de las canciones de la revolución sino de los disparos del crimen, han quedado completamente fuera de juego.

También hay varios otros puntos que me hacen decir que tenemos la izquierda más derechista del planeta. Cuando se analiza su discurso, casi todos los puntos sobre los que habla son temas generalmente asociados a la derecha. En primer lugar, vemos la insistencia en conceptos como "soberanía" o el énfasis en las "identidades". No digo que estén mal, pero tenemos mandatarios que se pierden en ellos, cuando la izquierda siempre ha sido una fuerza por naturaleza universalista. La izquierda que abogaba por una política para las mayorías se ha reducido a atender problemas de minorías, que además muchas veces se encuentran en un campo post-material.


Segundo, tenemos una izquierda que ha hecho del Estado su peor enemigo. Aunque por lógicas distintas, algunos izquierdistas pueden llegar a la misma conclusión sobre el Estado que a la que llegan personajes como Javier Milei: es malo y debe ser combatido. Una (mala) estrategia de jugar siempre a la oposición lleva a que, naturalmente, se piense que es el único rol que puedes ocupar. Si el Estado siempre es el enemigo opresor, ¿qué esperas hacer con él una vez llegues al gobierno?

Este tema va de la mano con un tercer punto: el abandono del concepto de bienestar (el mayor y mejor legado de la izquierda global). La idea de bienestar está íntimamente ligada al Estado: es quien vela y protege a todos. En su lugar, la izquierda hoy esgrime la lógica de los "cuidados" dentro de una retórica de lo "popular". En la práctica, lo que esta estrategia termina siendo es una reproducción casi perfecta de las lógicas neoliberales: ante la retirada del Estado, son las personas individuales las que deben hacer frente a sus problemas.

Sin embargo, a pesar de las muchas fallas que la izquierda ha demostrado, ante la nueva ola de derecha que vivimos, algunos prefieren adoptar respuestas fáciles y trasladar la culpa a otros. Ya sea el "nuevo Plan Cóndor" orquestado por Donald Trump o a los "votantes alienados" que optan por los ricos siendo pobres, y un largo etcétera. Muchas estrategias para evitar hacerse cargo de la realidad. Tampoco tengo muchas esperanzas en los nuevos gobiernos de derecha. El modelo de la motosierra de Milei es una medida poco inteligente del mismo modo en que Fujimori no ha demostrado un compromiso serio con la ley y el orden, por poner unos ejemplos. Así como la izquierda, la nueva derecha es igualmente propensa a caer víctima de sus propias incoherencias.

¿Hacia dónde ver? El análisis que he hecho antes no es exacto: tiene importantes excepciones. Por poner un ejemplo, el gobierno de Gabriel Boric resultó ser una gestión de izquierda envidiable. De igual forma, el actual gobierno de Rodrigo Paz en Bolivia está demostrando tener un fuerte compromiso democrático ante los problemas sociales que estallaron en su país. Hay izquierdas y derechas de las que podemos aprender. Pensar en ejemplos como estos dos puede servir mucho para construir una política que haga que la próxima ola no nos traiga solamente algo distinto, sino también algo mejor.