CVR: El conflicto abierto, Epicentro Tv

CVR: El conflicto abierto | Recordar es un trabajo complejo

Una columna publicada hace dos días en El Comercio por Sebastiao Mendoca, autor del libro ¿Por qué fracasó Sendero? (Penguin Random House, 2026) ha causado revuelo sobre la memoria de la violencia en el Perú. En esta, el autor examina lo que para él son los "10 pecados capitales de la CVR". Aunque hay algunos señalamientos que veo saludables, sobre los que hablaré después, también comparto muchas de las críticas a sus conclusiones. De cualquier modo, me parece una buena oportunidad para ampliar las reflexiones sobre la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), la violencia y la democracia que queremos construir.


Para empezar, creo que muchos de esos "diez pecados capitales" son en realidad una mezcla de tres ideas distintas. En primer lugar, un cuestionamiento a las conclusiones a las que llega la CVR; en segundo lugar, un cuestionamiento a lo que no dice la CVR; y, en tercer lugar, un cuestionamiento a cómo se aborda la memoria sobre el conflicto después de la CVR.

Mi crítica principal a su columna es que estas tres cuestiones se mezclan en las acusaciones que el autor lanza contra la CVR en sí. En muchos casos pareciera confundir las conclusiones de esta con la forma en que la discusión ha sido seguida en años más recientes. Afirmaciones como que la Comisión no reconoce la labor de las fuerzas armadas o que estas sean equiparables a las organizaciones terroristas no encuentran sentido frente al Informe Final. Del mismo modo, los comisionados señalan enfáticamente que el inicio de la violencia responde a la decisión de Sendero Luminoso de declarar una guerra contra el Estado peruano (citándola casi textualmente).

Otro punto que va en la misma línea es cuando Mendoca rebate las interpretaciones que hace la CVR sobre aspectos como las causas del conflicto. El autor establece como germen del conflicto armado la agencia individual de determinados criminales como Abimael Guzmán. Sin embargo, si bien el informe final de la CVR señala con énfasis que fueron factores como la desigualdad social, la pobreza estructural, la falta de oportunidades y la marginalización de regiones como Ayacucho los que crearon un escenario ideal para que Sendero Luminoso surgiera, tampoco deja de mencionar el carácter y la responsabilidad criminal de los que bailaban Zorba, el griego.

Creo que esta interpretación de Mendoca responde a la idea de los supuestos "sesgos ideológicos" de los comisionados. En el debate general, esta afirmación refiere al hecho de que la CVR supuestamente habría sido una especie de "comisión de izquierda" (por decir lo menos). Esta idea, sin embargo, es solo medianamente cierta e ignora otra realidad igualmente importante. Con base en una rápida búsqueda en internet he elaborado la siguiente tabla, tratando de organizar a los comisionados según sus afiliaciones doctrinarias o pasados políticos. Definitivamente, me quedaría pequeña la acusación de reduccionista, pero creo que sirve para esta ocasión.

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En efecto, cinco de los trece comisionados tenían una filiación clara con la izquierda, habiendo militado o ejercido cargos de representación por un partido político. Sin embargo, el factor que esta lectura ignora es que una sección de igual proporción de los comisionados era de adhesión cristiana, siendo tres de ellos sacerdotes católicos. Esta cifra sería aún más grande si contáramos dentro de este grupo a Rolando Ames, quien militó y fue senador por la Izquierda Unida, pero que su militancia era tan cristiana como izquierdista; así como al rector de la PUCP, presidente de la Comisión. A partir de esto, quiero hablar de dos puntos.

El primero es que aquellos que acusan a la CVR de izquierdista ignoran este componente cristiano de igual proporción. La observación a la que sí me sumo es que hubiera sido útil tener un mayor número de comisionados de derecha, un señalamiento que bien menciona Eduardo Dargent en su libro Caviar. Sin embargo, sí creo que esta participación cristiana en la Comisión no recibe el espacio que merece en el debate público y que deberíamos hablar más sobre el rol que la fe ha jugado y puede jugar en momentos críticos para la democracia. En todo caso, acusar a la CVR de ser izquierdista es una reducción.

El segundo punto es que, sin desmerecer esta diferenciación, muchos de los miembros de la CVR, tanto cristianos como izquierdistas, sí compartían visiones similares de la sociedad. Una de ellas es una característica muy propia de las ciencias sociales y sus derivados: el valor del análisis estructural. Este hace referencia a una forma de pensar la sociedad no en base a las acciones individuales, sino a estructuras económicas y sociales. Sí creo que este enfoque es evidente en muchas de las interpretaciones que la Comisión hace de la violencia, aunque ahí está el truco.

La CVR tiene dos grandes componentes, siendo uno de ellos la carga interpretativa que aporta a la lectura del momento histórico. El problema con lecturas como las que propone Mendoca es que crean falsas "leyes naturales" en este componente, como también hacen algunos desde la orilla contraria. Las interpretaciones que la CVR hace de los hechos de violencia son un gran aporte a la reflexión sobre las causas, naturaleza y efectos de esta, que responde a los criterios de los propios comisionados, así como a las tendencias académicas de sus escuelas y sus momentos.

Frente a estas ideas es perfectamente posible presentar cuestionamientos y seguir ahondando en reflexiones. Es más, me atrevería a decir que es beneficioso y que es una forma saludable de ejercer la memoria. Yo, personalmente, le asignaría un mayor peso a la agencia individual de algunos para entender el origen de la violencia, aunque tampoco creo que no haya habido factores estructurales en juego. La clave está en entender que nadie tiene la razón definitiva en esta área, y que ambas explicaciones (la estructural y la individual) estarán en tensión constante. Lo importante es que como sociedad tengamos la capacidad de tener debates alturados sobre el tema, que tanto críticos como defensores dejen de verse como amenazas: no hay interpretación escrita sobre piedra.

Sin embargo, sí hay un factor que debería ser un gran generador de consensos: el recojo de material documental que realizó la Comisión. Con esto me refiero a testimonios, número de víctimas, identificación de fosas comunes, desaparecidos, acusaciones, etc. De hecho, algo que saludo de la columna de Mendoca es que dirige sus críticas (aunque con mayor o menor precisión) a la parte interpretativa de la CVR y su legado, no sobre este otro gran componente, donde sí es posible y necesario establecer una verdad. Podemos discutir causas y efectos, pero sobre la base de la misma información recogida, documentada, compartida y consensuada que nos debe interpelar: el sufrimiento de los peruanos.

Creo que a la columna de Mendoca se le pueden hacer señalamientos válidos, a los que me sumo; pero saludo que desde la derecha se plantee una crítica a las interpretaciones de la CVR sobre la base del respeto al trabajo documental que realizaron y que sigue teniendo vigencia. Es algo que lamentablemente no hemos visto siempre. A partir de ello, creo que los dos grandes bandos intelectuales -los que optan por los factores estructurales y los que denuncian que ello diluye la responsabilidad individual- deben abrir sus puertas a dejarse interpelar más por el otro. Precisamente aquí hago un disclaimer: aun no leo el libro de Mendoca, pero creo importante que tanto quienes coincidimos como los que no con sus ideas empecemos a escuchar lo que dice el otro. Esto no para dejarnos disuadir necesariamente, si no para que podamos orientar nuestra propia voz hacia quienes piensan distinto, estableciendo así un diálogo efectivo y dejando de hablarnos solo entre los mismos.

Es cierto que desde muchos círculos de memoria no se le da a los policías y militares el mérito que merecen, ni se presta suficiente atención a los tormentos que atravesaron. Es cierto que no se presta suficiente atención a la cercanía que muchos grupos de izquierda "democrática" tenían con la idea de la lucha armada hasta los años ochenta. También es cierto que gran parte de la derecha aparenta tener alergia a hablar de memoria y derechos humanos. La clave está en que poco a poco podamos acercarnos a escuchar eso de lo que en nuestros propios círculos se habla poco. Probablemente nunca llegaremos a estar de acuerdo en nuestras interpretaciones del pasado o del presente, pero tampoco tenemos porqué. Lo mejor que podemos hacer es vivir una memoria construida sobre la base de saludables conflictos. Esa debería ser la esencia de una democracia que venció a la violencia.